Si algo ha marcado mi infancia y ha logrado generarme un trauma descomunal es la melodía con la que El Corte Inglés anunciaba a bombo y platillo las ofertas de la vuelta al cole. Ese “volver a empezar, otra vez. Volver a estrenar, zapatos y libros” me recordaba que la cuenta atrás para volver a la rutina de sumas, restas, redacciones y demás molestias olvidadas durante las efímeras vacaciones llegaba a su fin. Eso si el profesor de turno no decidía ‘alegrar’ el periodo vacacional con los míticos cuadernos de ejercicios de Vacaciones Santillana.
Creo que desde ese momento empecé a odiar a El Corte Inglés. Claro que no era un anuncio destinado a los tiernos infantes, sino a los padres que, engañados con la promesa de corticoles de regalo, acudían en masa a hacer acopio de cuadernos, estuches, mochillas y demás instrumentos de tortura.
Una vez fui creciendo y asumiendo mi rol de estudiante dejé de dar tanta importancia al mal trago de volver al colegio. Era consciente de que en unos años (por aquél entonces no se hablaba de crisis y nadie me contó la precariedad del mercado laboral) cambiaría la vuelta a los pupitres por el estrés post vacacional de las personas con empleo. Ya en la universidad acudí con ilusión a cada curso, no porque disfrutase de las clases, que también, sino porque cada vez faltaba menos. Y, por fin…
Por fin encaro un septiembre, después de 19 años, sin tener que transformarme de nuevo en estudiante. Gracias a un esfuerzo continuado puedo disfrutar de una efímera libertad a partir de mañana. Que por una parte está muy bien, pero por otra la certidumbre de que en un mes seré un parado más me hace añorar las horas en las que garabateaba las explicaciones del profesor.
Me frustra pensar que después de diecinueve años de esfuerzo y con una carrera a mis espaldas voy a acabar guardando mi turno en la cola del INEM. Pero, aún sin crisis, parece lo normal para el recién licenciado. Además, con la que está cayendo ni siquiera la opción de cajero en el Eroski es factible. Ya no hay trabajo, o sí lo hay, pero demasiado poco para tantas personas.
Por eso, después de casi diez años aborreciendo el “volver a empezar”, me doy cuenta de lo afortunados que son, de momento, los escolares. Todavía no han perdido la ilusión. A pesar de que odien la vuelta al cole, tienen suerte de estar preparándose para el futuro. Aunque luego se den un golpe al toparse con la dura realidad.
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comentarios
  1. Pues si, pero de esas cosas nos damos cuenta cuando va pasando el tiempo. En esos momentos quizás lo odiabamos, bueno yo tengo que reconocer que no, porque debía ser masoca… jajja pero vamos que ahora nos damos cuenta de lo bonitos que eran los años de colegio, cómo los extraño a veces !! Aunque yo creo que tu momento en la cola del INEM se terminará pronto, o eso, o el mundo está loco. Demasiado talento parado me parece a mi

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