La llegada del calor ha traído a la parrilla televisiva una nueva tendencia llena de morbo: retransmisiones casi en directo de los macrobotellones que organizan los jóvenes universitarios. Estas jornadas de cogorza descomunal e insoportable resaca son oro para telediarios como los de Telecirco, que busca crear una alarma social sobre el consumo masivo de alcohol entre los jóvenes. “Ensucian, chillan, mean en los portales y fornican en las aceras”, éstas son las únicas declaraciones que faltan en estos reportajes, puestas en boca de alguna vecina de avanzada edad.
Pero mientras la sociedad se lanza a criminalizar a los adolescentes insensatos que buscan su futuro en el fondo del vaso, nadie apunta con el dedo acusador a quienes ya peinan canas o soplan más velas de las que quisieran. La de los veinteañeros no es la única generación que se deleita con la estampa del licor llenando la copa lentamente, y son precisamente los adultos los que parecen entrañar más riesgos.
Saco este tema a colación a raíz de la confirmación por parte de la Guardia Civil de que el torero Ortega Cano triplicaba la tasa de alcoholemia cuando provocó el accidente de tráfico que acabó con la vida de Carlos Parra. Lo que era una sospecha fundada y secreto a voces ahora se hace oficial y convierte al diestro en diana de todas las puyas, merecidas desde luego. Su imprudencia e irresponsabilidad le han convertido en asesino fuera del ruedo, y eso nadie lo puede negar.
Lo curioso es que la vida de este famoso no ha sido en los últimos tiempos un camino de rosas, y no es de extrañar que buscase ahogar las penas en la amplia oferta de las bebidas espirituosas. Pero el que sabe beber alcohol sabe luego mearlo, y Ortega Cano no tiene excusa para coger el volante tras hacer malabares con las botellas. Porque su borrachera le hizo ir a noventa por hora con una furgoneta Mercedes comparable a un misil, y el choque contra el coche de Parra suponía un trágico pero evidente desenlace.
¿Tanto cuesta entender que el alcohol nunca es la solución, sino el inicio de los problemas? Carlos Parra no es la primera víctima de un conductor ebrio, ni será la última. No voy a hacer campaña para que la gente no beba, pero si se quieren perjudicar la salud, que sea a ellos solos. Que no arrastren a nadie en su camino de irresponsabilidad y debilidad. Algo bastante difícil, desde luego, con ejemplos como el de Aznar reclamando a viva voz que le dejen beber todo lo escrito en la Biblia.
Sólo espero que este trágico suceso acabe con algo más que cuatro años de cárcel –lo máximo que puede llegar a caerle a Cano–, y que el culpable pague por su nuevo asesinato.

 

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