Volver a creer

Publicado: 16 junio, 2010 en Divagaciones
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A veces oyes historias increíbles, o te cuentan cosas tan fantasiosas que es imposible que sean ciertas. Llegas a vivir en la incertidumbre hasta que de repente, ¡ZAS!, descubres que es verdad. Y por mucho que no llegues a creértelo, el hecho está ahí.
Quizá esté siendo demasiado cínico para referirme a la honradez, pero lo cierto es que hace mucho que empecé a descreer que existiera algo así. Me creí el único tonto capaz de devolver un móvil, e incluso sufrí tentaciones que me hicieron dudar (y pecar) de si yo era honrado.
No hay nada peor que juzgar a todo el mundo por algo que, por suerte, solo incumbe a unos pocos. Y quiero pedir disculpas al que haya podido prejuzgar en relación a la honradez. Porque me han demostrado que existe.
El día 8 fui tan tonto que dejé mi amado e idolatrado pen drive enganchado a uno de los ordenadores del Aula de Informática de la Biblioteca de Leioa (UPV). Allí quedó, solo y desamparado, mi pequeño Txope, a merced de un destino incierto y expuesto a los peligros que ofrece la humanidad.
Pronto me percaté de su ausencia, y corriendo fui al ordenador donde antes había usado a mi retoño. Oh, cruel decepción, no estaba allí.
Por suerte la persona que se topó con él era una de esas pocas personas honradas que parecen quedar. Dejó no uno sino dos folios con los datos del pen y su número de móvil en un ejercicio de buena voluntad que pocos tendrían.
Me puse en contacto con él y acordamos que lo dejaría en bedeles, en mi facultad. El día acordado fui a buscarlo, pero no estaba allí. Hice una llamada temiendo haber perdido el pen, pero su respuesta fue que lo dejaría mañana. La incertidumbre, la duda de si así sería me hizo asumir que no volvería a verlo.
Pues no. Esa persona de quien no sé el nombre fue un correcto cumplidor de su palabra. Demostró tener más honradez incluso que yo mismo (tampoco es un buen ejemplo), que había dudado de él.
Aprovechando esto de las nuevas tecnologías y demás quiero no sólo agradecerle su honradez, sino dejar claro que aún queda algo de ella en el mundo. Que contra aquellas personas que como diversión buscan el mal todavía quedan individu@s con honradez, moral, con palabra.
Esto me ha enseñado a ver las cosas de nuevo desde el precepto de “todo el mundo tiene derecho a una oportunidad”. Lamento haber caído en el turbio mundillo de prejuzgar. Y pido disculpas por ello.
Por lo menos ahora tengo clara cuál será mi respuesta ante el hallazgo de un objeto ajeno.
comentarios
  1. Cordelia dice:

    Quedan, sorprendentemente, no sólo honradez sino otros muchos valores que por culpa de unos pocos a veces sentimos como perdidos y es que esos pocos hacen mucho ruido. Por suerte siempre hay gente que nos demuestra que no es así.

    • danigonzalez dice:

      Y lo peor es que esos pocos acaban quemando a las personas con valores, que hartos de creerse los únicos idiotas ceden a someterse, pensando “si me pasa a mí me quedo sin él”. Yo personalmente no sé para que me serviría un pen drive ajeno (por quince euros tengo uno), sobre todo porque el valor de ellos está en los archivos, muchas veces irreparable. Lo mismo cabe decir de un móvil, aunque el caso de un billete en el suelo, sin nombre de su dueño y triste y abandonado puede generar en mí un “sentimiento de adopción”.
      Muchas gracias por tu visita. Por cierto, este domingo publico un nuevo relato.

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