Todo el que ha tenido el (dis)gusto de estudiar en el Campus de Leioa – Erandio (vulgarmente llamado Campus de Concentración) tiene la misma opinión: los edificios son una mole de hormigón en un estado de abandono, entregado a las pintadas, los carteles y la acción del tiempo.
Hace más de veinticinco años que se erigió este monumental despropósito, y ya desde su creación se notaron las anomalías. El proyecto en el que se basaron, una serie de edificios con grandes espacios abiertos, era una copia de un proyecto diseñado para Granada. De ahí que en invierno los estudiantes se congelen y en verano se convierta en un infierno, y no por los exámenes precisamente. Cosas de climas completamente diferentes.
Hace unos cuatro años la situación llegó al límite. Fue entonces cuando se tomó la decisión de practicar una reforma integral, facultad por facultad, con el afán de llevar a la UPV – EHU a la vanguardia del aborto arquitectónico. Vayamos por partes.
Asuntos Externos
Para adecentar los exteriores con bellos jardines y suelos de hormigón han cerrado durante casi dos cursos parte de las vías de circulación. Eso implicó cambiar las paradas de Bizkaibus a cada curso, creando un caos considerable. Por otra parte, eso repercutió en la desaparición de gran parte de las plazas de aparcamiento, habilitando una explanada de grava para tal menester, pensando en satisfacer las más oscuras fantasías de los vendedores de neumáticos.
Facultad de Incomunicación
La locura de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación se inició hace tres años. Los obreros tomaron al asalto la antigua cafetería y durante un año demolieron con éxtasis las paredes. Cerraron la librería y la papelería, sin habilitar espacio para una nueva ubicación. Empleados de la cafetería y estos comercios entraron a engrosar las listas del paro.
El nuevo espacio, que ahora alberga Secretaría, Decanato y algunos despachos, es una pérdida de espacio total. Se ha unido con el resto del edificio habilitando el lugar para los despachos de los profesores, todo ello abusando del pladur para hacer las separaciones. Además, han ubicado en el lugar las diferentes salas multimedia, sin ventanas, con intención de ahorrarse la calefacción gracias al calentamiento de los ordenadores.
Pero no solo es eso. Han ampliado los edificios creando miniaulas separadas de nuevo con pladur, y para juntar esto con el Edificio Reformado no se les ocurrió mejor idea que cerrar dos meses antes de terminar el curso los baños de la planta de abajo, cargarse el ascensor hasta el segundo piso (en altura un tercero), donde están los nuevos baños y ponerse a tirar las paredes a cinco metros escasos de donde se dan clases. Eso no es algo nuevo, el curso pasado ya se impartía docencia al ritmo del martillo pilón.
Con las obras se han ido cerrando paulatinamente los accesos a la facultad, lo que ha originado la necesidad de dar un rodeo considerable si se quiere entrar allí, con la obra prácticamente al lado.
Y para postre, antes de terminar el curso y en exámenes las aulas aparecen con las ventanas tapiadas por un muro de ladrillo. Lo más lógico en una universidad.
Por cierto, en palabras del encargado de las obras por parte de la constructora esto DEBÍA HABER TERMINADO PARA JUNIO DE 2009. Un año de retraso que han sufrido los estudiantes.
Futuro incierto
Conociendo la UPV lo más probable es que para inicio de curso en septiembre los estudiantes se encuentren las aulas a medio hacer, con restos de escombros y sin equipamiento. Convivirán con los obreros en plena desarmonía. No hablo de boquilla. Los antecedentes lo demuestran. La UPV compró Macs de penúltima generación para sustituir los decrépitos equipos. Estuvieron en sus cajas dos meses esperando a que fueran vacaciones de navidades para que los reemplazaran. Allí, a la vista de todo el mundo.
Este curso los profesores se vieron obligados a abandonar sus despachos para entrar en el maravilloso mundo de las estancias aderezadas con escombros, sumado a ventanales diminutos en algunos casos. Las mudanzas fastidiaron el funcionamiento de la universidad las primeras semanas.
Gracias a la desaparición de la librería los libros que necesitan los estudiantes se reparten por las múltiples librerías de Vizcaya. Reservas, listas de espera, descatalogados… es el panorama que se encuentran los alumnos.
¿Qué será lo siguiente? Iñaki Goirizelaia lo tiene claro. Ya se habla de trasladar el Rectorado a Bilbao. Mi duda es si lo harán piedra por piedra, sobre todo después de la reforma que le hicieron.
comentarios
  1. IBB dice:

    La UPV funciona así, en Arquitectura se tiraron 2 años para cambiar las persianas y ponerlas automáticas de darles a un botón. Otro medio año en cambiar los proyectores y encima alguno ya no funciona. Hicieron una nueva sala de ordenadores cargandose el aula de maquetas del sótano y encima por falta de previsión en las obras tuvieron que invadir el aula de dibujo con los proyectos de fin de carrera. Tenías que encajar las estatuas estando tu encajado entre maqueta y maqueta

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