Hoy el Congreso de los Diputados vivía una nostálgica vuelta al pasado. Concretamente a los años de gobierno del socialista Felipe González, en la que José María Aznar ejercía como líder de la oposición. De nuevo se ha oído al presidente del PP (hoy día Mariano Rajoy) pedir la dimisión del ocupante de la Moncloa y la convocatoria de unas nuevas elecciones. Esta vez no ha sido un ‘váyase señor Zapatero’, sino una petición “por el bien de España”.
Me sorprende esta reacción del líder de la derecha. O mejor dicho, me entristece, porque a estas alturas Rajoy es capaz de cualquier cosa con tal de desgastar un poco más a Zapatero. De nuevo recurre a los ladridos y a enseñar los dientes en vez de clavar el mordisco hasta el hueso. Pepero gritador, poco mordedor, podría decirse. Pero el daño ya estaba hecho y el titular asegurado. ¿Para qué arriesgarse presentando una moción de censura que no va a prosperar si se causa un daño un poco menor sólo con la dura crítica?
Analizando las palabras del señor Rajoy me he dado cuenta de un par de cosas y he confirmado otra. En primer lugar con sus palabras el posible vencedor en las próximas elecciones ha demostrado que pasa de hacer una oposición constructiva, que las soluciones para la crisis son algo que no entra en sus planes y que prefiere dejar que España se hunda siempre y cuando el PSOE tenga al frente a un cadáver político. Mariano ha hecho de la crisis el particular 11-M de los socialistas, y ha ahondado en la herida todo lo que ha podido, en vez de buscar soluciones y cooperar para salir del bache, algo que habría demostrado que todavía le queda algo de humanidad, además de hacerle ganar varios puntos.
Rajoy sabe que lo tiene todo ganado. A pesar de su Gurtel y de su radicalización la ciudadanía lo ha elegido como alternativa a Zapatero, no porque crean que es la solución o por las bondades de su programa, sino como castigo por la gestión de la crisis del Gobierno. Entonces, ¿a qué viene tanta prisa?
Es evidente que el líder del PP no está descorchando los champanes. Está nervioso, posiblemente tenga miedo. No de que Zapatero resurja de sus cenizas, aunque sí podría temer que el PSOE encuentre un candidato que no esté quemado y a eso se sume una mejoría en la situación económica. Pero su verdadero quebradero de cabeza está en el propio Partido Popular, donde reinan los pequeños feudos y las enemistades latentes.
Para el ala de la extrema derecha Rajoy es un moderado. Es obvio, y ya se vio anteriormente, que hay una pugna por el poder. La figura más representativa de esa oposición dentro de la oposición es Esperanza Aguirre. Aún faltan casi dos años para las elecciones generales. Tiempo suficiente para que se abra el debate sobre un posible cambio de candidato. Una lucha interna por el poder ahora que lo tienen todo ganado.
Quizá por ello Mariano desea hacerse cuanto antes con el poder. No porque la situación cambie a favor del PSOE, sino por miedo a que sea su situación la que empeore.
Puede que Zapatero no sea la mejor opción para gobernar España, pero desde luego es mucho mejor que tener como presidente a Rajoy o a Esperanza Aguirre. Ambos lo han demostrado claramente, el primero incapaz de dirigir su propio partido y la segunda convirtiendo la Comunidad de Madrid en su propio Aguirrepolis a base de privatizaciones de hospitales, el control de Telemadrid y la extraña gestión de las ayudas a la dependencia.
Si Rajoy tiene miedo de perder el poder dentro del partido, yo lo tengo de que él llegue al poder. De que se pierda el progreso de estos últimos seis años. Eso sí sería una desgracia.

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