Por fin una buena noticia. Más que buena, maravillosa. Hechos como la prohibición de los toros en Cataluña no abundan precisamente en estos tiempos, y recibir de repente la buena nueva (todo parecía indicar que la votación se quedaría en nada) es una muestra de que todavía hay gente que quiere acabar con la vergüenza de la tortura taurina que desde hace siglos se lleva a cabo en España. Desde ayer los catalanes están unidos a los canarios en su rechazo a la celebración de las matanzas de toros. Aunque parezca un pequeño logro dado que sólo se extiende a la comunidad autónoma, es un gran paso del que hay que tomar ejemplo. Sin duda, la clara apuesta por la defensa de los derechos de los animales debe extenderse por el resto de comunidades, demostrando a los sádicos aficionados que cada vez somos más, y mucho más fuertes, los que nos negamos a la sangrienta fiesta nacional, que poco tiene de fiesta y menos de nacional, visto lo visto.
Lamentablemente aún abundan los que defienden esta herencia directa de la dictadura de Franco, donde los toros y el fútbol eran el ‘pan y circo’ de los oprimidos españoles. De hecho el PP ya está elucubrando la mejor manera de boicotear la nueva ley catalana, al igual que acostumbra a hacer con todos los cambios de legislación que buscan el progreso, como pueden ser la Ley del Aborto o la del Matrimonio Homosexual. Cómo no viniendo de estos aladides de las tradiciones más aberrantes y defensores a ultranza de una ideología caduca.
Lamentablemente hasta 2012 no entra en vigor la ley que prohíbe el asesinato de los inocentes toros, por lo que durante dos años los catalanes seguirán viviendo el horror y la congoja de los que sucede dentro del coso.
Lo más repulsivo es que hay quien insta al Gobierno a declarar los toros como un espectáculo ‘de interés nacional’ para protegerlos de la decisión de Cataluña. Sería triste, además de decepcionante, que un gobierno que se considera progresista tomase en cuenta esa idea y se atreviese a llevarla a cabo.
De todas maneras, tampoco es bueno ir a los extremos. Hay un punto medio que podría satisfacer a las dos partes, y es emplear el mismo sistema que en Portugal, donde no se permite el sufrimiento de los animales ni su aniquilación. Claro que eso puede no saciar a los que, ávidos de sangre, disfrutan con la sádica escena. Eso sí, de aplicarse esta modalidad tendría que ser procurando que los toros no se sometan a tensiones demasiado elevadas.

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comentarios
  1. Cordelia dice:

    Pues, sinceramente, me parece que en esta votación lo que menos ha importado es la defensa de los animales, pues si así fuera se ocuparían también de tantos otros que están obviando. Esto no es más que política. No creas que hablo en defensa particular de los toros, a mí personalmente no me gustan, pero soy lo suficientemente tolerante como para respetar a todos aquellos a los que sí les gusta – a los que jamás cometería la barbaridad de llamar sádicos, pues eso no sería más que ignorancia por mi parte-, y esa medida en la que los toros quedan PROHIBIDOS, por muchas votaciones que haya de por medio, me parece totalmente dictatorial… aunque no sé de qué me extraño. -Los toros, por cierto, no son una herencia directa de Franco, sino de los tartesos-

    • danigonzalez dice:

      Es cierto que en la votación ha influido más la política, derivado de la polémica del Estatut y a modo de castigo a la derecha. En cuanto a llamar sádicas a las personas que disfrutan con este espectáculo, me baso en el hecho de que al toro se le da primero con la pica a caballo y después se le clavan en el lomo unas banderillas, y mientras chorrea sangre y va perdiendo fuerzas los asistentes aplauden las maniobras de una persona que, poco después, clava una espada en un punto vital acabando con la vida del animal. Eso si tiene puntería, porque en caso contrario la agonía se prolonga hasta que sacan el escabello (creo que se llama así). Disfrutar con semejante crueldad no es de hermanitas de la caridad precisamente.
      Y en cuanto a que sean o no herencia de Franco, en el artículo hago referencia a que es una tradición de hace siglos (obviamente tiempos en los que era costumbre andar matándose entre países) y el dictador Francisco Franco los potenció como modo de exaltación patriótica a modo de distracción de los verdaderos asuntos del estado, por lo que se les puede considerar algo que desde el franquismo se potenció, una herencia cercana a pesar de su larga implantación.
      Espero que entiendas mi postura a través de estos argumentos.
      Gracias por tu opinión y por la visita.

  2. stefany soy atea y muerdo dice:

    pues sinceramente me vale madres, pero opinare con mi otro yo. pues ta bien que lo prohíban.

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