Como si de un Camps cualquiera se tratase, Tomás Gómez ha puesto en jaque a su partido. El líder de los socialistas madrileños ha lanzado un órdago a Zapatero con la intención de presentarse como candidato a presidir la Comunidad de Madrid. Al fin y al cabo, tras varios años ejerciendo la oposición, está legitimado para ello. Entonces, ¿cuál es el problema? Que por mucho que sea el candidato con más derecho, no es el más valorado.
Una encuesta interna del PSOE sitúa a Gómez a 16 puntos de Esperanza Aguirre, a pesar del descontento de gran parte de la ciudadanía por su gestión personalista y privatizadora con la que ha convertido la comunidad en su propio cortijo. Parece que el fantasma del Tamayazo todavía pesa entre los madrileños, o por lo menos no ven al líder socialista como un aspirante adecuado a la presidencia. Sin embargo, a la candidata ‘del partido’ la colocan tan sólo a tres puntos de la actual presidenta, lo cual pone en aprietos a la (in)popular Aguirre, ya que un pacto con Izquierda Unida volvería a colocar las tornas a la izquierda. Eso si el PP no soborna a unos cuantos diputados para que boicoteen la elección.
Y es que la ministra además tiene una alta valoración entre los sectores de IU, por lo que, de cumplirse lo estipulado en la encuesta, Esperanza Aguirre recibiría su justo castigo y acabaría en la bancada de la oposición, aunque eso le daría oportunidad para presentarse a candidata por el PP a ocupar Moncloa, algo preocupante pero factible.
Es decir, que por el bien de Madrid la persona que tendría que hacer frente a Aguirre es Trinidad Jiménez, y eso no es algo que se deba cuestionar a través de unas primarias que lo que van a hacer es restar confianza en las listas del PSOE.
A Gómez, si de verdad le importa que la fuerza del cambio llegue a Madrid como ya se logró en Euskadi, no le queda otra opción que mantenerse en un segundo plano. Incapaz de comprender la decisión de los barones del PSOE, el madrileño continúa con un pulso que desgasta a ambos aspirantes y regala los votos de los indecisos al PP. De tal manera que, en mi opinión, Gómez está aumentando no sólo su distancia sino la de Jiménez con esta actitud.
La política no es cuestión de egos, ni de convertirse en semidioses. Con esta forma de actuar el socialista se equipara a Esperanza Aguirre en su forma de hacer política, es decir, desoyendo las necesidades de los madrileños y convirtiendo su figura en lo único válido.
Sería una estupidez dejar pasar esta oportunidad de recuperar la comunidad por una lucha de poder. El buen político sabe siempre dónde está su lugar, que es al lado del pueblo.

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