Las conferencias de Gaddafi

Publicado: 30 agosto, 2010 en Denuncia, Internacional, Opinión
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Uno de los recuerdos más felices de juventud de varios de mis tíos lo originó el dictador Francisco Franco. No me refiero al momento de su muerte, que también, sino a una de esas ocasiones en las que el líder fascista quería manifestar al resto del mundo los apoyos que tenía dentro de la población. No sé que se celebraba concretamente, pero ese día decretó fiesta nacional, puso trenes en todas las estaciones del país con destino a Madrid y, además de regalar el viaje, dio a los ‘patriotas’ quinientas pesetas y un bocadillo. De esa manera la plaza donde dio su discurso estaba llena hasta los topes, aunque mis allegados aseguran que fueron a pasar el día a la capital, como gran parte de los españoles.
Si rescato esta anécdota del baúl de los recuerdos es porque otro líder cuya forma de gobernar plantea ciertas dudas está usando esta misma táctica para llenar salas de conferencias –en este caso carpas– de bellas damiselas. Éstas deben tener una edad comprendida entre los 20 y los 35, medir más de metro sesenta y cinco y no vestir de forma lasciva. Más de 500 le han conseguido las agencias de modelos de Roma, y ellas asisten con un buen sueldo a… ¡¡¡cursos sobre el Islam!!!
Si, señores, esto es lo que acostumbra a hacer Gaddafi cuando va a la capital italiana. El presidente libio quiere trasladar a las bellas mujeres las bondades de su religión a golpe de talonario, y ellas están encantadas de escuchar su verborrea a cambio de unos cuantos euros y un ejemplar del Corán con el que poder calzar alguna mesa. En tiempos de crisis y con el número de parados creciendo, los cursos del libio son una importante fuente de ingresos. Lástima que sea tan sibarita a la hora de seleccionar a sus asistentes.
A mí no me parece mal que quiera dar cursos sobre el Islam, tiene todo el derecho del mundo. Lo que me parece repulsivo es que las personas que asisten a ellos lo hagan a cambio de dinero (no mal por ellas, sino por Gaddafi, que parece querer comprar voluntades con su fortuna). Vale, es una manera de asegurarse concurrencia, pero no deja de ser un engañabobos que pocos resultados va a dar, salvo alimentar el ego del líder libio.
Y encima sus requisitos me parecen un insulto, algo denigrante para la figura de la mujer, como si las elegidas por el Corán tuviesen que ser cortadas por un mismo patrón. Sobre todo, teniendo en cuenta el alto grado de machismo de esta religión. ¿Por qué no pueden ir abueletes calvos y con mostachos de diez centímetros a las conferencias de Gaddafi? ¿O mujeres de 45 bajitas? ¿O una adolescente en trikini? No sé que me avergüenza más, si el hecho de que las tenga que comprar con dinero o que discrimine de esa manera a las mujeres, cual nazi adorador de la raza aria.
Sin ánimo de insultar a las chicas que acuden a los cursillos, a mí me parece que Gaddafi recurre a una versión extraña de la prostitución: pagar a chicas por horas para que escuchen sus monsergas.

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