Desde hace algún tiempo me he dado cuenta de que los pedestales no están para ensalzar a las personas a las que creemos admirar, sino para que su caída sea más alta y, a ser posible, que se abran la cabeza en el descenso. Y es que nadie es perfecto, y los que lo pretenden y lo anuncian a bombo y platillo no son más que embaucadores. Un amigo mío suele decir: “yo no me fío de la gente que dice que es buena persona”, y tiene toda la razón.
Pero hay veces que con juguete roto no juegan unos pocos, sino todo un país. Es decir, que se eleva como héroe nacional a una persona que luego resulta ser un fiasco. No, no me refiero a líderes políticos, de momento, sino al justiciero ajusticiado: Jesús Neira.
Quien despertó la compasión con su actuación para salvar de la paliza a Violeta Santander (paliza más que merecida viendo su posterior actuación televisiva) ahora ha desatado el odio generalizado al hacer gala de sus dotes hamiltonianas de conducción mientras entonaba el “A mí me gusta el pin piribin…”. Que no es moco de pavo triplicar la tasa de alcohol en sangre, y eso no lo hacen una copita de vino y un licor de café, por mucha medicación que uno tome.
Esta es la última acción con la que nos defrauda ese pobre hombre que por salvar una vida acabó en coma. En ese estado era una persona maravillosa, un superhéroe… Pero luego despertó y, viendo toda la fama que había acumulado, aprovechó el tirón para hacer platós como lo hizo Violeta, hablando de todo, vendiendo su alma a la telebasura y convirtiendo su ‘acto desinteresado’ en un negocio muy lucrativo.
Hasta Esperanza Aguirre se subió al carro de ‘Todos con Neira’. Temerosa de que el profesor emplumase al negligente hospital que le atendió y consciente de que poner un Neira en su vida eran varios puntos más de popularidad, le dio un cargo como presidente del observatorio madrileño de la mujer, algo para lo que el profesor no estaba preparado. Pero en política esas cosas poco importan, y Jesús Neira combinó cargo público con showman televisivo y carreritas ilegales. La combinación de todo ello ha dejado un cóctel amargo: su odisea etílica.
Lo peor es que, con la chulería característica que desbordan las personas de derechas amantes del buen vino (véase Aznar y “pero déjenme beber”), se niega a presentar su dimisión, y reta a Aguirre a que lo cese, algo que la presidenta está muy dispuesta a hacer, seguramente pensando en qué amiguete ocupará el cargo. Quizá Tomás Gómez, quien está dispuesto a regalarle la reelección con el rifirrafe que ha montado.
En fin. Neiras hay muchos, en muchas carreteras, y cuando los pillan antes de haberse cargado a la familia que volvía del cumpleaños del abuelo suelen meterles un buen puro. Creo que Neira debe estar agradecido de que el juez haya sido benevolente.
A ver quien es el siguiente que se catapulta al vacío desde su pedestal…
PD: He encontrado este interesante enlace que explica muy bien las labores previas de Neira para convertirse en la persona más odiada del país: http://www.lasmalaslenguas.es/2009/10/13/el-heroe-jesus-neira-maltratador-psicologico-de-menores-y-cobarde-asi-insulto-a-las-hijas-de-zapatero-y-asi-miente/
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comentarios
  1. Ya, eso mismo le decía yo a mi madre. Que hicieron héroe a quien no lo es, héroe en la cama del hospital porque, cuando se despertó, parecía una culebra. La madre de dios todo lo que ha podido soltar este tio por su boca… anda y que le den por saco !

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