Se ha apagado una estrella

Publicado: 22 septiembre, 2010 en Deporte, Divagaciones
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Cuántas estrellas languidecen tras rozar un éxito efímero… Muchas veces, tras copar las portadas de todos los periódicos y arañar minutos en la televisión, la persona, animal o cosa tiende a caer en el olvido, y sólo permanece en el recuerdo de quienes verdaderamente le rindieron devoción. Ojo. No he dicho lo de animal en vano. Porque, a día de hoy, alguien ha dejado de ser el showman mundial, y no tiene dos patas precisamente. Hablo del pulpo Paul.
Sé que muchos dirán que cómo me atrevo a sacar este tema cuando fui una de las voces más críticas con el Mundial de fútbol y con el pobre cefalópodo, pero es que, en mi afán de ir contracorriente, no puedo dejar de pensar en él cuando ya casi nadie lo hace. Y no porque de vez en cuando vea a sus primos, hermanos y compañeros de farra en la pescadería o porque sea la tapa estrella de algunos sitios, sino porque es un héroe olvidado.
Tampoco es que tuviese mucho mérito engullir unas cuantas ostras deliciosas a las que asociaban con unas banderitas, pero como, al parecer, siempre acertaba, pues lo que hacen muchos pulpos se convirtió en hazaña mundial y logró movilizar a todos los medios en pos suya. Lo que le convirtió, sin él beberlo (porque comerlo ya lo hizo) en una de las figuras más influyentes del deporte rey. La prensa lo encumbró, logró portadas y aperturas de sección, y el cariño de todo un país (y el odio de toda su tierra, entre otros países afectados por su pronóstico). Pero, al acabar el Mundial…
No sé si Paul se ha dado al alcoholismo, o es adicto a alguna droga. Tampoco me interesa verle, aunque lo imagino deprimido, con cara de pulpo metido en un garaje, acosado por visitantes que acuden en pos suya como peregrinos a La Meca pero sin hacerle reverencias como dios que fue. Es lo duro de estar en el paro en el complicado mundo de los profetas, donde si sólo tienes una especialidad de poco sirves cuando acaba la temporada. Bien distinto sería si predijese cosas tan interesantes como la fecha en la que acabará la crisis o la combinación de la primitiva, que por lo menos nos ayudaría a notar menos los problemas económicos. Pero no, el pulpito reza por que alguien lo eche a la olla y acabe su penuria como viejo ídolo de masas.
Su avanzada edad no le permitirá ser la estrella de la próxima Eurocopa o del siguiente Mundial, pero siempre quedará, si no tiene descendencia, la clonación. Aunque, quién sabe, igual es inmortal.
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comentarios
  1. Pobre pulpo Paul, con todo lo que nos dio, ahora se encuentra en el cielo de los pulpos.

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