Mañana, se supone, todo el país se paralizará. Por un día España dejará de ser productiva y la clase obrera tendrá veinticuatro horas para protestar desde el sofá de su casa, o bien intimidando a los esquiroles. Digo que se supone porque no está claro que esta huelga general vaya a ser un éxito. La gente parece tener claro que más valen euros en mano que derechos volando, por lo que harán un esfuerzo e irán a ganarse el pan. Un 70% de los convocados, según los medios de comunicación.
Yo mañana no tengo derecho a la huelga. Pertenezco a ese sector mimado y vilipendiado por los sindicalistas pero sin el cual este paro sería un fracaso. Soy periodista, por lo que mi trabajo estará en la calle, siguiendo las manifestaciones, al lado de los piquetes. De todas formas, aunque no tuviese este dudoso privilegio, no participaría en esta iniciativa.
No porque este en desacuerdo con los argumentos que plantean los sindicatos, sino porque entiendo que algo así es lo que menos nos conviene como país. Por una parte, todo el dinero que entra en la economía española en un día se va a perder, algo que desde luego no ayuda mucho a la recuperación, sino que la ralentiza. Puede que alguien diga que eso es ponerse de parte de la patronal, pero lo cierto es que nos afecta a todos, de una u otra forma.
Lo más grave, lo que afecta directamente al bolsillo de una clase obrera que no anda precisamente muy boyante, es que se van a dejar de cobrar las ocho horas de trabajo de ese día, así como su equivalencia en las pagas extras y las vacaciones. Algo que no se puede permitir todo el mundo con los tiempos que corren.
Pero, sobre todo, pienso que esta huelga no va a servir para nada. Zapatero no va a dar marcha atrás, tomar estas decisiones impopulares ya le han costado su prestigio, su palabra y el cargo, por lo que la cosa no puede ir a peor. Si de verdad se espera que cambie de postura con esta huelga, se está perdiendo el tiempo. Más bien parece un intento de los sindicatos por demostrar que hacen algo para ganarse la cuota de los afiliados, puesto que no se planteó esta iniciativa cuando tocamos el techo más alto de parados.
No soy quien para decir a los demás que vayan o no a la huelga, sobre todo si creen en su efecto, pero ya no estamos en el siglo XIX o en el XX. Es imposible movilizar a todo un país en pos de un mismo objetivo. Es más, el hecho de pactar unos servicios mínimos augura el poco éxito de la huelga. Preveo que serán pocos los que se unan a la convocatoria, y muchos de ellos por miedo a las represalias.
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