Una tarde entre libros

Publicado: 7 octubre, 2010 en Literatura, Reflexión
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Si hay algo que me guste más que leer un buen libro, es adoptarlo. Cuando quiero incluir a un nuevo amiguito de papel en mi atestada estantería suelo recorrer los pasillos de la librería en busca de la mejor opción, perdiéndome entre estantes y breves sinopsis edulcoradas en la trasera del tomo, y siempre acabo lamentando no poder comprarlos todos. Al final, sólo uno se va conmigo en la bolsa, destinado a proporcionarme unos buenos momentos.
Pero hay veces en las que la búsqueda del libro se salda con varias capturas. Esto suele pasarme bien en el mercadillo de los domingos en la Plaza de España o en las ferias, donde me es imposible dejar de revolver los montones de ejemplares y acabar cargando con una o dos bolsas. Y ayer tocaba visita obligada a la feria del libro de ocasión de Vitoria, ubicada hasta el 10 de octubre en la Avenida Gasteiz. Digo obligada porque, además de ser un evento señalado de antemano en mi calendario, este año he tenido la suerte de escribir el artículo sobre la feria para el periódico en el que he estado trabajando. Así que no podía faltar y, tras hacer acopio de dinero y engañar a mi hermana para que se empapase de tanta sabiduría impresa, he ido para allí.
La caza no ha sido del todo buena. Debo estar perdiendo facultades, o quizá el catálogo haya decaído respecto a 2009, cuando me hice con casi veinticinco libros, gastándome más de 50 euros. En esta ocasión compré gran parte de los títulos de la extinta editorial El Andén, y me las vi canutas para cargar con tantos libros.
Bueno, por lo menos a mi colección se incorporan cinco nuevos mundos por descubrir, o pendientes de una segunda lectura. Me ha sorprendido encontrar a buen precio a Stephen King y a Dean Koontz, pero más el ver de refilón, al pagar, una de las obras que tiene como protagonista a Kay Scarpetta. También he capturado a dos nuevos autores, Eric Lustbader y Jeffery Deaver, que espero estén a la altura de sus sinopsis.
Lo que más me gusta de estos sitios es poder manosear la mercancía, siempre con respeto, y poder descubrir libros que hace mucho tiempo que no se ven en una librería. Decía en mi reportaje algo así:

Condenados al olvido, muchos libros acumulan polvo en los almacenes de las librerías. Se trata de aquellos títulos que no pudieron competir con los grandes maestros de la literatura, esos proyectos editoriales que no lograron hacerse un hueco en el mercado y ahora languidecen. Parece que para ellos nadie escribió un final feliz. Pero sólo lo parece. Porque desde hoy, y hasta el 10 de octubre, volverán a brillar en los 28 stands ubicados en la Avenida Gasteiz en busca de un dueño que se pierda entre sus páginas, que descubra su historia y se enamore de quienes cobran vida en su interior.

Además de rescatarlos del olvido, siempre te acabas llevando una anécdota de estos sitios. La de 2010 viene de la mano del vendedor de los libros pequeños, esos que caben en la palma de la mano. Al vernos husmear se ha puesto a contar las bondades de sus productos:
– ¿Cuánto cuestan? – Me aventuré a preguntar.
– Hay varios precios. Nueve euros, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos…
– ¿Y éste? – Preferí ir directo al grano y señalar el que me interesaba.
– Oh, nueve euros. Pero mírelo, es de calidad, cómo esta cosido…
Qué casualidad que fuese de los más caros… Lo ojeé, y al dejarlo, el hombre se siguió animando.
– Mire éste. Siempre viene bien mejorar el repertorio.
Se refería a un libro de frases románticas. Quise decirle que ya no funcionaban esos trucos, o por lo menos no las que vienen impresas en diferentes manuales. A veces, ni las que brotan desde el interior del corazón. Pero él ya tenía su réplica.
– O ese otro, para mejorar también el repertorio.
Me hizo gracia ver cómo señalaba el Kamasutra, aunque me sorprendió su forma de vender tan ‘directa’. Arqueé la ceja.
– Bueno, siempre hay algo que mejorar. – Fue su lacónica respuesta.
comentarios
  1. stefany soy atea y muerdo dice:

    jajajaajajajajajajaja

  2. Dani, siempre lo que más nos gusta es lo más caro. Lo llaman Ley de Murphy… por cierto, aventurate a comprar el Kamasutra y le echamos una ojeada, no?? jajaja

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