Una de las canciones que más me gusta, a pesar de que nunca la he oído íntegramente, es la de ‘Amigos para siempre’. Por todo lo que evoca. La amistad es algo maravilloso, que colma de felicidad a quienes une. Y si ya se es amigo o amiga íntima, pues esa unión es completa. Tanto, que a la muerte de un amigo la reacción más normal es sentir un dolor tan profundo, tan desgarrador, que flaquean las fuerzas y acaban con el ánimo de esa persona. El recuerdo de ese ser querido, posiblemente amado en secreto, yace en lo más profundo del corazón, y a cada bombeo de éste las lágrimas afloran, y acaban acompañando a quien se ha ido al impactar contra el vacío.
Por eso, la amiga íntima de Antonio Puerta, dueña del piso donde éste perdió la vida por una sobredosis, quiere darle el último homenaje. A lo grande. Por ahora responde al nombre de Graciela Galo, pero hoy, en el programa de La Noria, conoceremos su cara y su historia. Como ya hizo en su momento Violeta Santander, ahora Graciela quiere subirse a la estela que deja Puerta, saltar a la fama y, cómo no, embolsarse una buena suma. Todo ello sabiendo que así lo hubiese querido su amigo, y que éste no va a volver del más allá para reprocharle el uso comercial de su agonía. Seguramente, si las cosas fueran al revés, él habría hecho lo mismo.
Ha sido un fichaje rápido. Ayer se conocía que Graciela tenía ya su propio representante para atender a los medios, y que en su oferta, realizada a diferentes medios, además del testimonio de esta mujer, se incluían unas fotos del lugar del suceso. Un pastel demasiado goloso y por el que los programas más sensacionalistas habrían matado. No sé cuánto ha puesto sobre la mesa Telecirco, pero presumo que es una cantidad importante. Como acostumbra a hacer. Al culebrón de los cuernos de Belén Esteban se le suma el fenómeno Neira-Puerta, que sin duda querrán explotar en busca del liderazgo en las audiencias.
Me cuesta creer que alguien sea capaz de dar un solo minuto a esa mujer para que cuente su versión. Que Puerta era un hombre repulsivo ya lo sabemos, pero creo que merece un poco de respeto, el que él nunca tuvo con las mujeres. No por cómo fue en vida, sino porque ya no puede defenderse, y es muy fácil hacer de él una historia que se amolde a los cánones televisivos.
De esta forma, quién debería estar declarando como imputada por un delito de negligencia se sentará en el sillón de oro y contará todas las mentiras que quiera. Puede que quienes le entrevisten la ataquen, saquen a relucir trapos sucios, pero ella aguantará el chaparrón pensando en lo bonitos que quedan los ceros escritos en un cheque. Puede que sea el primero de muchos. Sólo tiene que saber jugar bien sus cartas.

 

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