Miedos irracionales

Publicado: 5 noviembre, 2010 en Divagaciones
¿Quién no ha tenido alguna vez miedo a que el dentista le hurgue entre los dientes? Su sillón reclinable es de los más temidos, sobre todo cuando se es un tierno infante. Ellos, con sus tenazas, están dispuestos a arrancar, uno por uno, todos los dientes de la boca del paciente. O al menos eso es lo que piensan muchos al ser llamados en la sala de espera.
Pero éste no es el único miedo que puede tener alguien. Mi caso puede parecer extraño, pero intuyo que más de uno tiene pánico atroz a los peluqueros. Seguramente, la mayoría de las personas que adoran llevar el pelo largo.
A mí personalmente me cuesta decidirme a ir a la peluquería. No por falta de tiempo, sino porque sé que en cuanto entre ahí perderé mi larga melena y saldré insatisfecho, pensando que estoy medio calvo y que la persona que me ha atendido ha hecho caso omiso de mis explicaciones sobre cómo quería el corte.
Reconozcámoslo, a todos los peluqueros les gusta cortar más de la cuenta. Es una afición insana que se cobra víctimas cuando el cliente quiere sólo arreglarse el peinado o cortar un poco las puntas. Normalmente no se les suele ir mucho la mano, pero cuando te miras al espejo y no ves lo que te imaginabas que te iban a hacer empiezas a odiar a quién ha cometido semejante genocidio.
Puedo decir sin miedo a equivocarme que nunca he salido contento de una peluquería, y eso que he visitado muchas. Pero la peor experiencia, sin duda alguna, fue la de acudir al peluquero de mi padre. Debí sospechar de su afición a las cabezas rapadas al ver a mi padre cada mes con un corte excesivo de cabello, pero estaba muy quemado con mi otra peluquería por sus desesperados intentos de venderte los productos de cuidado del cabello. “Si no te compras esto se te caerá el pelo”, decían las muy alarmistas, e incluso se atrevían a replicar en su afán de sacarte los cuartos. Por eso mismo me senté en el sillón de barbero de ese psicópata sin saber que tenía la intención de esquilarme. Empezó a lo suyo, y mientras yo veía caer mechones de pelo en el espejo, él se emocionaba. Llegó un momento en el que me dejó tal como yo quería, pero en vez de parar siguió, tan feliz como una perdiz, cortando más y más.
En definitiva, que ahora tiendo a desconfiar de los peluqueros, y me he resignado a esperar a que mi pelo crezca de nuevo para lucirlo como a mi me gusta.
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comentarios
  1. IBB dice:

    eres un exagerado dani, lo que pasa es que tu tienes la misma manía de que si fuese por tí nunca te cortarías el pelo. Anda que no te tengo que aguantar siempre con lo mismo. Lo que pasa es que estas obsesionado con que el pelo corto te queda mal, y sinceramiente me acuerdo la anterior vez que te lo cortaste y te quedaba de puta madre, pero ya te digo, tu sin tus pelos largos no eres feliz.

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