Pereza

Publicado: 11 noviembre, 2010 en Divagaciones
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No hay nada más cruel en esta vida que sucumbir al pecado de la pereza, a esa ociosidad que poco a poco se apodera de ti y te hace no hacer nada. Muchas veces la causa de acabar siendo un perezoso es la falta de motivación, o las nulas ganas de ponerse a hacer algo, bien sea una tarea, cumplir con un compromiso… ¿Quién no ha dicho alguna vez eso de “hoy no, mañana”? Todos somos en parte un poco perezosos, en cuanto a que nos cuesta ponernos a trabajar, sobre todo si hay un largo plazo para terminarlo. Pero caer en la espiral del mañana acaba pasándonos factura.
Tengo que reconocer que he caído en el turbio mundo de la pereza, desde hace poco más de una semana. El síntoma más evidente de ello es que desde el viernes no he escrito ningún post para este blog, a pesar del compromiso que tengo de actualizarlo a diario. Quizá fue la falta de ideas en un principio, pero poco a poco a ello se le sumó la falta de ganas, aunque sólo fuesen quince minutos, de escribir algo. Y, mientras me decía día tras día que tenía que ponerme a ello, que ese tema tenía gancho, pensaba que todavía tenía tiempo para hacerlo, hasta que llegaba la noche y, aunque me doliera, me resignaba a esperar un día más.
Si sólo hubiera sido esto, no me preocuparía tanto. Pero es que, de un tiempo a esta parte he ido dejando en la bandeja de entrada varios asuntos, varios de ellos compromisos adquiridos, esperando hacerlos al día siguiente. Me he dado cuenta de que trabajar desde casa puede llegar a ser algo muy negativo, ya que sin un horario fijo y con muchas horas muertas se corre el riesgo de acabar practicando el ‘tumbing’ en un acogedor sofá. La falta de trabajo en la redacción tampoco ha ayudado mucho.
Ahora me toca ponerme las pilas y mirar hacia delante, mientras hago una lista de prioridades para aquellas cosas que he dejado pendientes y que ya no pueden esperar más. De hecho, ya he empezado a poner orden en mi vida, y no es tan terrible como pensaba. Aunque también soy consciente de que si he sucumbido a esta falta de motivación ahora, nada me impide volver a repetir esta actitud tan vergonzosa.
Por suerte, he podido cortar con esta situación pronto, porque sé que, de lo contrario, habría lamentado no haber tomado ciertas decisiones a tiempo. Recuerdo amargamente el fantasma de los plazos a punto de terminar, del trabajo a última hora, de las cosas importantes que se quedan por el camino por no tener el valor suficiente para hacerlas. Y no quiero volver a pasar por lo mismo. Al final, todo consiste en tener fuerza de voluntad, y perseverancia, sin caer en la desgana.

 

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comentarios
  1. Tu lo has dicho, Dani, todos somos un poco perezosos, pero a veces merecemos esa pereza, sobre todo después de grandes esfuerzos. De todas formas tu tranquilo,la pereza termina esfumándose

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