Los policías municipales de La Línea de la Concepción ya no patrullan por las calles de su ciudad en sus flamantes vehículos de luces azules y sirenas estridentes. Al contrario, ahora apatrullan bonobús en mano, como si de alegres jubilados se tratase, además de dar largos paseos en pareja por los barrios. No se trata de un intento de mejorar su salud o de contribuir al medio ambiente al no emitir gases, sino de la última consecuencia del agujero que poco a poco se traga al consistorio.
La razón de este apatrullamiento es bien sencilla: diez de los coches usados por los agentes no han pasado la ITV. Y no es por culpa de su avanzada edad, no, sino que el ayuntamiento ha descuidado hasta el extremo el mantenimiento de los vehículos, llegando a dejar lunas sin reparar, guardabarros destrozados y otros defectos no tan visibles.
¿Por qué no llevan al taller la flota? El alcalde de La Línea, Alejandro Sánchez (PP), alega que la falta de liquidez del ayuntamiento (que también ha originado cortes de luz en dependencias municipales) le ha obligado a reducir gastos, y ha metido la tijera en la seguridad ciudadana.
Este hombre ya se ha hecho famoso por su intento de que el gobierno central le permitiese cobrar una tasa a los turistas que entrasen con su coche en Gibraltar, localidad con la que hace frontera. Nada más y nada menos que cinco euros. El ‘impuesto del rey Sánchez’ hizo saltar las alarmas sobre la precaria situación de las finanzas linenses. Mi duda es cómo se ha llegado a este punto en el que no se puede ni pagar el sueldo a los policías o, peor aún, no se les dota de unidades móviles.
De hecho, La Línea es una localidad que necesita una seguridad urbana eficiente, y no digo esto de balde, sino como conocedor del terreno. Es un punto de entrada y consumo de drogas bastante importante, y de ello derivan ciertos conflictos, añadidos a los ya habituales en una ciudad como esa. Por tanto, la incapacidad de los agentes de ofrecer una respuesta rápida a las llamadas de emergencia ha generado una especie de barra libre a la delincuencia que se va a empezar a notar en breve.
Por otra parte, la defensa del alcalde respecto a que en otras ciudades funciona este mismo método, el ‘polibus’, me parece ridícula. Combinar esa iniciativa con el uso de los coches patrulla puede ser viable (al fin y al cabo, muchas ciudades tienen patrullas de a pie o de barrio), pero limitar la capacidad de movimiento de los policías a sus propios pies o a unas líneas de autobús es una autentica chapuza.

 

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