Amor naufrago

Publicado: 28 noviembre, 2010 en Microrelatos
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Las turbulentas olas atacaban con fuerza la botella, haciendo que el papel de su interior golpease constantemente el vidrio. Llevaba demasiado tiempo a la deriva, podía resistir un ataque más. Aún no había alcanzado un destino que nunca existió, ni había sido rescatada por algún curioso pescador que descubriese el misterio que yacía en su interior.
¡Hacía tanto tiempo que fue lanzada con rabia desde aquel acantilado! Meses, quizá un año, o dos, vagando por aguas desconocidas, alejando el dolor de quien un día la abandonó entre lágrimas de ira y tristeza. Pero, a pesar de todo, seguía siendo un grito ahogado, un lamento dirigido a unos oídos sordos, la excusa para no saltar al vacío.
En su interior, unas cuartillas con garabatos emborronados por el llanto de quien los escribió. Frases inconexas, llenas de odio, desilusión y sueños rotos. El desenlace de una historia de amor que nunca lo fue, los reproches que jamás se dijeron, la amarga reflexión de un alma despechada.
Y, a pesar de todo, el sentimiento seguía vivo, a la deriva, como la botella, afrontando tempestades, ahogándose en mares de lágrimas, perdido en un rumbo errático, añorando el filo salpicado por el agua salada de ese sombrío precipicio. Incapaz de encontrar alguien que leyese entre líneas en la tristeza de sus ojos vacíos, que dejase escapar el dolor al descorchar el tapón de la herida, que agarrase con ternura su cuello, acercando sus labios y haciendo que reviviese con un beso.
A lo lejos, una orilla. Una más entre tantas, un lugar donde recalar por unos segundos, sin que un brazo la sacase del agua. En la arena, entre restos de algas, madera y desperdicios, alguien sin apenas vida oteaba el horizonte. En su mano, una botella. Dentro, la misma historia con distintos nombres.
Vio como se perdía a lo lejos, impulsada por la rabia. Percibió el estallido contra el agua, y se quedó mirando la inmensidad del océano.
Ambas botellas chocaron entre sí. El vidrio se quebró, dejando sin refugio su contenido. Sus mensajes se deshicieron al instante, como lo hicieron tiempo atrás los corazones de sus autores.
Vitoria, 28 de noviembre de 2010

 

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