Los catalanes derribaron con el duro mazo de la democracia ayer al tripartito que ha gobernado durante dos legislaturas. Ha sido un golpe certero, directo, que ha logrado desangrar al PSC y herir mortalmente a ERC. Hasta ahí, nada sorprendió a la opinión pública, y creo que es innecesario profundizar en el tema: los analistas de prestigio ya han escrito la Biblia al respecto.
Lo que sí que me gustaría exponer aquí es mi sorpresa ante el buen resultado que ha cosechado Alicia Sánchez-Camacho, más conocida entre los skin heads como Alicia Croft, y su partido, el PP. Cataluña, una comunidad con tanto arraigo independentista, orgullo nacional y tan castigada por el PP con el boicot al Estatut, regala cuatro escaños más a esta formación política y la convierte en la tercera en el parlament. Digo sorpresa por no decir indignación, porque tengo muy claro cual es el motivo de tan buen resultado: la puesta en marcha de un experimento racista y xenófobo.
En tiempos de crisis, los recelos hacia la inmigración crecen y se convierten en un verdadero caballo de batalla para quienes creen que están por debajo de ellos en cuanto a ayudas sociales u oportunidades laborales. Y por eso, cuando un partido político toma un rumbo más contrario a la inmigración, o lo rescata del olvido, es normal que esas personas les den su voto incondicional creyendo que ellos van a velar por sus derechos. Eso es lo que ha pasado en Cataluña: las personas hartas con los inmigrantes han votado en masa a Alicia Croft.
Me asusta pensar que éste sea el rumbo que vaya a tomar a nivel nacional el PP, sobre todo porque es un ataque directo a los derechos de miles de personas. Pero esto no es lo único que me molesta de los resultados electorales, sino que la victoria de Joan Laporta demuestra hasta qué punto la sociedad no tiene criterio político. Su única propuesta, hacer de Cataluña una nación independiente, no es exclusiva, la comparten otros partidos. Siempre he pensado que Laporta busca asegurarse un sueldo fijo y unos fondos a los que meter mano durante cuatro años, ahora que ya no es presidente del Barcelona.
Para mí, el partido de Laporta es un chiste, apoyado por actrices porno y con el argumento implícito de que repetirá el éxito de su ex equipo. No es una alternativa real y confunde a quienes lo apoyan con otra doctrina populista para un sector concreto de los catalanes.
En fin, que tras ver esto me doy cuenta de que los catalanes tienen lo que quieren.

 

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