Eso debieron pensar los controladores aéreos el pasado viernes, con su jarra de cerveza en la mano, mientras se jactaban de la hazaña que estaban a punto de hacer. Su mejor jugada hasta ahora, una huelga salvaje por sorpresa dispuesta a colapsar el país y dejar en tierra a más de medio millón de personas. Estaban dispuestos a todo con tal de hacer tambalearse a su oponente, el gobierno, en la guerra abierta que ambos mantienen.
Y lo lograron, desde luego. Perdidas millonarias para las compañías aéreas, los hoteles, los negocios relacionados con el turismo que esperaban resarcirse de los malos resultados este puente. Y lo más importante, los sueños rotos de todas esas personas que querían evadirse de la monotonía por unos días.
Si estos privilegiados ya estaban mal vistos por los ciudadanos de a pie por su negativa a ajustarse el cinturón en tiempo de crisis, con su maniobra de chantaje han logrado ser las personas más odiadas de 2010. Mi duda es si ellos se han dado cuenta de eso, porque parecen vivir en un mundo alejado de la realidad, como sus atalayas desde las cuales sangran al estado.
Y es que sus reivindicaciones son tan absurdas como crueles sus medidas. Sus disparatados sueldos son un insulto a los más de cuatro millones de parados a los que, dentro de poco, se les acaban los 420 euros, y también a los que se desgañitan por poco más de seis euros la hora en empleos miserables con los que intentan sacar adelante una familia. En un tiempo en el que hacen falta recortes, ellos son los primeros que deberían pasar por el aro. Pero en vez de solidarizarse con el resto de personas, ellos han decidido practicar su particular boicot para seguir como hasta ahora.
¿Hasta qué punto es necesario mantener a esta panda de chupasangres? ¿Por qué no se ponen los puntos sobre las íes? Espero que a las sanciones que les esperan a estos huelguistas (ojala acaben en la cola del paro, se lo merecen) se les sumen penas de cárcel y multas millonarias para compensar las graves pérdidas que han ocasionado.
Porque su acción ha sido un atentado contra una nación, sin víctimas mortales pero sin duda un ataque fuera de la ley. Si querían hacer huelga, tendrían que haberse ajustado a la ley, haber avisado. Por suerte, la rápida actuación del gobierno y su contundente respuesta ha impedido que esta masacre causase más estragos. Aunque el daño ya está hecho.
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