El poder de Internet

Publicado: 21 diciembre, 2010 en Actualidad, Denuncia, Internet, Reflexión
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Hoy en día todo está conectado a Internet. La red es algo tan necesario para nuestro día a día que estar sin conexión es un suplicio, una tortura que nadie quiere sufrir. Y, sin embargo, también es algo muy vulnerable, blanco fácil de los ataques de los hackers que buscan desestabilizar a una empresa o una institución. Es algo que ayer pudimos comprobar con la protesta de los internautas españoles, que bloquearon las webs de los partidos políticos que apoyan la llamada ley Sinde, y que demostró una vez más lo fácil que es burlar la seguridad de estos espacios para quienes se desenvuelven sin problemas por los entresijos virtuales. También hace unos días nos llegaba la noticia del boicot a las páginas web de Mastercard y Visa por anular las cuentas de Julián Assange por las filtraciones de los cables del gobierno de los EEUU que éste ha puesto en manos de la prensa y que han supuesto un antes y un después en la diplomacia internacional.
Esto pone en entredicho la fiabilidad de un sistema al que le confiamos nuestros datos más íntimos. Cada vez usamos la red para más cosas, desde hacer la compra on-line a contar y compartir nuestras vidas en sitios como Facebook. Todo esto genera un importante rastro que acaba creando nuestro perfil en Internet, una huella digital en manos de quien sea capaz de hacerse con ella, de reunir los datos poco a poco y juntarlos. De hecho, muchas personas acusan a los gobiernos de estar haciendo precisamente eso, pero ¿qué hay del resto de personas capaces de penetrar en la coraza de los grandes servidores?
A mi parecer, estamos exponiéndonos demasiado a un ente del que desconocemos sus intenciones. Las condiciones que aceptamos cada vez que nos registramos en algún sitio, esos largos textos en letra diminuta que tanta pereza nos da leer, nos exponen directamente a los designios de los creadores de las aplicaciones de Internet. Pero además están las cosas que no se dicen, las reglas no escritas que son dictadas por un círculo muy reducido de personas.
En definitiva, que damos con nuestro consentimiento una barra libre de datos a cambio de servicios y ventajas con los que hace unos años no podíamos ni soñar. Nos aprovechamos de quienes se aprovechan de nosotros y accedemos a un mundo lleno de posibilidades al que hemos relegado todas, o casi todas, nuestras actividades. Pero, ¿y el día en que todo falle?
Lo que pasó ayer significa que cualquiera con un poco de idea puede lanzar un ataque a la red, y algún día el golpe puede ser mortal. Puede que no se trate del saqueo virtual de un banco, o de hacer que Mr. Bean salude a quienes entran en la página web de la presidencia española de la UE. O tal vez sea un fallo el que deje a todo el mundo sin poder conectarse, sin poder acceder a sus bancos de datos, en definitiva, que nos haga perder en unos segundos toda esa evolución.
Mi duda es hasta qué punto el ser humano propiciará su propia destrucción.

 

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