San Valentín para corazones rotos

Publicado: 14 febrero, 2011 en Divagaciones
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Seguramente la reunión se había alargado demasiado, y aquel publicista novato, becario aún, estaba deseando librarse del ambiente cargado y de las discusiones de sus superiores sobre cómo crear la marca perfecta, el estímulo más propicio para desatar una fiebre consumista. Quizá estaba desando perderse bajo las sábanas con su chica, o tan solo miraba su vaso de agua deseando que se convirtiera en vodka. Y entonces le vino a la mente una sandez que bien le valdría la expulsión inmediata del reducido recinto.

– Inventemos el amor.

No se sabe a ciencia cierta si esta reunión se celebró alguna vez, ni en que año fue, pero lo cierto es que bien podría ser la descripción de cómo se inventó la festividad de San Valentín, un fenómeno que consigue enamorar a Visa y Mastercard en un idilio que reporta miles de millones. Sin duda, el éxito más genuino de la publicidad y el marketing desde la incorporación del erotismo –o sexo explícito, depende de cómo se mire– a sus campañas.
Pero claro, esas brillantes mentes perversas no cayeron en la cuenta de que un importante sector se escapaba a este gancho publicitarlo. Es el caso de los solitarios, de los despechados, de aquellos que dejaron de creer en el amor. A muchos de ellos el aura de este día tan ‘especial’ les provoca una curiosa reacción alérgica: la de la melancolía, la de los recuerdos olvidados, los anhelos jamás cumplidos. Todo ello abre heridas supurantes en lo más profundo de su pecho, mientras la felicidad de las parejitas les recuerda algo que a ellos les han negado.
Mi duda es qué se podría hacer con estas personas que, con los bolsillos bien repletos o cargados a medias, no caen en el engaño de comprar un regalo. Para los comerciantes, ellos son sin duda un lastre, pero claro, es imposible encontrarles pareja a todos para que se lleven las flores, el perfume o los bombones de rigor. Entonces, ¿cómo podríamos esquilarles?
Ya hay quien habla de un día alternativo, el día de los no correspondidos, el de aquellos que llevan la marca de demasiadas manos en sus mejillas, de quienes consideran el catorce de febrero el día idóneo para saltar desde un puente. Sí, es la idea perfecta, crear otro San para que amigos compasivos o familiares solidarios se gasten un buen dinero en hacerle un regalo que le saque de su depresión. No será por opciones para regalar, desde un Colt del 45 hasta un juego de cuchillos…
En fin, que San Valentín tiene sus daños colaterales, y mientras parte de la población disfruta de besos acaramelados y pícaros guiños, la otra parte mira con pesimismo su reloj, bien esperando que se pase la fiebre de cupido o que aparezca un misterioso regalo que le permita volver a sonreír.
Mientras tanto, la banda sonora del amor seguirá siendo, como cada catorce de febrero, el sonido de las cajas registradoras en plena ebullición.

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