Cuando se llega a los extremos…

Publicado: 15 febrero, 2011 en Actualidad, Denuncia, Opinión
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El día en que por fin se pudo respirar aire ‘puro’ en el interior de un bar yo fui el primero en aplaudir la ley que el gobierno había aprobado para que esto fuese posible. La salida del cigarrillo de los establecimientos hosteleros era un respiro para todos aquellos que, entre café, caña o pintxo teníamos que soportar la tiranía de una adicción que ni por asomo era nuestra.
Pronto llegaron los insumisos, los rebeldes, el ‘increíble hombre vasco’ que, a mazazos, dio muerte a su máquina expendedora en protesta por la prohibición de fumar en su sidrería. Manifestaciones sin razón, protestas sin fundamento, ésa era la reacción de una minoría que no estaba dispuesta a acatar una de las mejores leyes que se han visto en este país, y una de las más valientes.
En este clima de tensión en el que la ley es tema de actualidad en cualquier medio de comunicación, la sorpresa llegaba ayer al ver cómo la prohibición pasaba a un escenario mucho más polémico: el del teatro. En concreto, uno de los espectadores del musical ‘Hair’ había denunciado a los promotores porque en su representación los actores encienden varios cigarrillos.
El debate estaba abierto. Por una parte, los cigarrillo que salieron a escena no eran ni droga ni tabaco –si es que hay diferencia entre ambos–, sino una mezcla de hierbas totalmente inofensivas puestas al servicio de la representación. Por otra parte, la posibilidad de sancionarles por ello era algo que hasta quienes somos defensores acérrimos de esta ley consideramos excesivo. Pero lo que parecía estar a punto de convertirse en una curiosa anécdota se quedó en un motivo de sanción que ha demostrado hasta qué punto se ha llevado al extremo esta medida.
Y es que hasta la ministra de sanidad, Leire Pajín, se ha mostrado en contra del cigarrillo como accesorio para las representaciones teatrales, algo que, a mi entender, desvirtúa completamente el sentido de las mismas. Si el guión, la situación o el personaje lo requieren, este complemento debe aparecer en las manos de quienes están metidos de lleno en la función, ya que de lo contrario se pierde ese realismo a los ojos del espectador.
Lo mismo se puede decir del uso del pitillo en series y películas. No se trata de una entrega descarada al vicio, sino de un instrumento más de la composición global que da lugar a la representación, y en muchos casos es imprescindible.
Es triste ver cómo se ha llevado una idea tan buena a unos extremos tan radicales.

 

 

comentarios
  1. Alaina dice:

    Demasiado radical. Una cosa es que entre una ley como la del tabaco que tiene sus defensores y sus atacantes. Es normal. A los hosteleros esto no les viene nada bien, empiezan a tener menos gente y, si encima quieren mantener la que tienen, tienen que gastarse un pastón (que no tienen) para adecuar sus instalaciones a esta… ley. Pero bueno nuestros pulmones supongo que lo agradecerán.
    Pero lo del teatro ya es pasarse de castaño oscuro. El musical de Hair requiere, obligado, el uso de los tan criticados “humos”. Estamos hablando de una época de Revolución donde era una herramienta habitual. ¿Qué puede molestar eso? Las obras, casi todas, están escritas hace muchísimos años y todos los complementos, como tú dices, son imprescindibles para el entendimiento de los mismos. Como tu dices: los extremos no son buenos

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