Cajón de sastre, que no desastre. Esa es la impresión que da la segunda entrega de la saga de novelas de Nikki Heat, basada en la exitosa serie de televisión Castle, cuando se llega a la última de sus páginas. Porque en ellas se esbozan, como pinceladas dispares sobre el mismo lienzo, diferentes historias que quienes sigan la versión televisiva conocerán bien. Una trama compuesta por retazos de los casos en los que Castle y Beckett han trabajado a partir de la segunda temporada.
Sin duda se trata de un guiño por parte de los autores de la novela, quienes, creo intuir, también son los guionistas de la serie, pero lo cierto es que al principio crea la incierta sensación de que el libro no ofrece nada nuevo. Sin embargo, es una teoría que desaparece a medida que se van leyendo más y más páginas, porque Calor desnudo ofrece la originalidad de una investigación completamente nueva y mucho más elaborada y sensacionalista que la de Ola de calor.
Quiero entender que el rescate de estos personajes y casos obedece a un intento de establecer más nexos de unión entre Rook y Heat y los actores que encarnan en la serie a la detective y el escritor, y aunque no me parece acertado, tampoco hace desmerecer el libro. Claro que para la historia que han creado en esta ocasión les hacía falta un amplio abanico de personajes, sospechosos y situaciones que cubriesen el esqueleto por el que discurre todo el libro.
Por otra parte, me ha sorprendido la forma de narrar la historia que presenta este libro, ya que huye de la sencillez de Ola de calor para adentrarse en una construcción literaria mucho más elaborada y agradable para quienes acostumbramos a devorar páginas llenas de tinta con voraz apetito. Ese cambio de estilo, unido a la mejora de la trama y al considerable aumento de las dimensiones del texto, desmiente la consabida teoría de que las segundas partes nunca fueron buenas.
Sin embargo, en esta evolución algunas cosas no han cambiado. Hablo de la estructura que sigue la novela, que tiene líneas paralelas con la primera parte. De nuevo hay un momento de peligro mortal para Nikki y, como ya pasó en Ola de calor, tras las reticencias iniciales por parte de la detective los dos protagonistas acaban haciendo una nueva ‘página 105’.
De hecho, tras terminarlo sucumbí de nuevo a la idea de que el final cuelga un poco con alfileres, es decir, que todo sucede demasiado rápido, en pocas páginas. Consigue provocar la sorpresa, sin duda, y los/as responsables del crimen vuelven a ser esas personas de las que no habrías dudado. Pero, al final, todo encaja sin ningún cabo suelto.
Mi valoración no puede ser, en esta ocasión, la más alta, dado que ese ‘copypaste’ de la serie no termina de convencerme, pero no me puedo negar a darle un ocho y, de paso, agradecer que el precio sea de 18 euros, sobre todo cuando por libros de su envergadura ahora se pide casi 23. Quizá optar por suprimir la tapa dura ayude a abaratarlo.
 
También puedes leer la crítica de Ola de calor en este enlace: https://15minutosymedio.wordpress.com/2010/10/22/ola-de-calor-%E2%80%93-richard-castle-ii/

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