¿Algo ha cambiado?

Publicado: 18 junio, 2011 en Actualidad, Denuncia, Opinión, Política
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Si en el País Vasco tuviésemos que separar por etapas periodos importantes de nuestra historia, una forma adecuada de ordenar cronológicamente nuestra actualidad más reciente sería bajo los epígrafes ‘A.22-M.’ y ‘D.22-M.’. Porque la jornada electoral trajo consigo un nuevo mapa político en el que la izquierda abertzale, de la mano de Bildu, irrumpía con fuerza. Empeñados en distanciarse de la ilegalizada Batasuna, sus dirigentes hablaban de cambio y de la apertura de una nueva etapa y vías hacia la paz.
Sus resultados les convirtieron en la segunda fuerza y les permitieron hacerse con un amplio número de ayuntamientos, además de con las dos grandes instituciones de Guipúzcoa. Un regreso por la puerta grande que parecía presagiar un cambio de actitud por parte de quienes hasta hace poco habían estado ilegalizados. Pero, por desgracia, sus promesas han quedado en palabras vacías en algunos de sus feudos.
Es el caso de Andoain, donde su decisión más inmediata ha sido prohibir el acceso a los escoltas de los concejales amenazados por ETA a los edificios municipales, así como la desaparición del arco de seguridad, la mínima garantía de protección para quienes trabajan allí, y que se elimina también del consistorio de Lasarte.
¿Qué ha cambiado en estos lugares? La prepotencia de la alcaldesa de Bildu, la burla hacia quienes tienen en mente los cinco asesinados por la banda terrorista en este municipio, demuestran que las siglas ANV han encontrado una marca sucesora. Sin garantías reales de que la tregua de ETA sea auténtica –la detención de un etarra con componentes para fabricar bombas ayer deja las cosas muy claras–, dejar las puertas abiertas a los expertos en el tiro en la nuca demuestra de qué pie cojean algunos mandatarios de Bildu.
Pero el verdadero problema no está en quienes encabezan las listas, sino en quienes han votado a esta plancha electoral. Si en las pasadas municipales Aralar, partido legal de la izquierda abertzale, se quedaba con migajas porque los independentistas no lo consideraban ‘su partido’ –quizá por desmarcarse de ETA y su violencia–, los resultados de Bildu indican que muchas personas que hasta ahora practicaban la abstención les han dado su apoyo. Personas que sólo votarían a Batasuna, simpatizantes de la violencia en algunos casos, todos ellos acudieron a las urnas. Y claro, es difícil hacer cambios desde el partido si la masa de simpatizantes quieren que las cosas sigan igual.
Quiero rescatar una experiencia personal como ejemplo de estas afirmaciones. Sucedió en el pleno de investidura de Salvatierra, donde Bildu había ganado por mayoría absoluta. Mi periódico me encargó cubrir el acto y sacar fotos del mismo. La alcaldesa me atendió bien pese a trabajar pasa ese medio ‘no afín’ a la izquierda abertzale, pero quienes le habían votado, dos jóvenes sentados a mi lado en primera fila, no se tomaron tan bien mi presencia. Aprovecharon la oportunidad cuando dejé la grabadora en el banco para ir a sacar fotos para reventar mi trabajo, parando la grabación en pleno discurso y, para colmo, dando al botón de reproducir.
Desde luego, si la actitud de los votantes no ha cambiado nada, difícil va a ser que Bildu traiga algún cambio a Euskadi.
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