Parecía la noticia perfecta para dejar caer el domingo y que fuese la encargada de abrir la jornada política del lunes con un afán de buscar un impacto fácil en la opinión de los ciudadanos. Izquierda Unida ‘regala’ al PP el gobierno de Extremadura, feudo durante 28 años del PSOE, tras alegar que los socialistas no le inspiran confianza. Una decisión que parece hacer oídos sordos a las palabras de Cayo Lara, el hombre que, se supone, dirige el partido, de que IU no facilitaría ningún gobierno del PP. Si hasta ahora sólo le habían llevado la contraria en algunos ayuntamientos, ahora queda claro por qué a este partido le han puesto el sobrenombre de ‘Izquierda Hundida’. Desde luego, unida no está.
¿Estamos hablando de un gesto de vendetta por parte de la coordinadora regional de Extremadura contra el PSOE por sus difíciles decisiones en cuanto a recortes y ajustes? Me cuesta creer que un partido que se manifiesta como la auténtica izquierda se vaya a la cama de esta manera con la derecha española, sobre todo cuando de ellos dependía el futuro durante cuatro años de toda una comunidad. Optar por un gobierno en manos del PP, ese partido centro de todas las críticas de IU, parece demostrar que se prefiere a aquellos que, de tener que realizar ajustes, no lo harían precisamente por necesidad, sino por gusto. Es decir, que el PP siempre se está lavando las manos y criticando los recortes porque no son ellos los que los tienen que realizar, pero sin duda no les temblarían las manos de tener que hacerlo. Y eso se verá cuando ellos lleguen al poder y sólo deroguen leyes como las del matrimonio homosexual o la del aborto. Derechona rancia.
Ya hizo Izquierda Unida algo parecido con Anguita y su amistad por conveniencia con José María Aznar, un pacto con el PP que les costó el apoyo de aquellos que creían que su partido todavía comulgaba con aquella izquierda reivindicativa del franquismo, dispuesta a no dar tregua a las injusticias. Pero ha pasado el tiempo y ha quedado claro que IU no tiene otro programa político que arengar a las masa, conseguir un par de escaños y vender caro su apoyo. Sea a quien sea. Sus propuestas contra la crisis chocan con la barrera de la realidad, su política es, en muchos puntos, utópica, y no consiguen convencer a la sociedad de que son una alternativa.
Ahora bien, barriendo para casa tengo que decir que el futuro de la diputación alavesa está en manos de Ezker Batua (Izquierda Unida en euskera), quienes con dos escaños juegan al gato y al ratón con el PNV y Bildu (a un escaño menos de una alianza opositora) frente al PP y PSOE. Al final, apoyen a quien apoyen, seguirá siendo a la derecha, ya sea nacional o nacionalista. Así que, parece que se confirma, Izquierda Unida ajusta su programa electoral a aquel partido que le dé más rentabilidad. Aunque fuese la Falange.

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