Inocencia política

Publicado: 24 junio, 2011 en Divagaciones, Política
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¿A cuántos nos gustaría volver a ser niños, aunque sólo fuera por unas horas? Cuando se llega a cierta edad en la que el agobio del trabajo, los conflictos de la sociedad y la rutina se nos echan encima, no es raro echar la vista al pasado y evocar esos días de infancia en los que las preocupaciones eran meras tonterías. La paz de aquellos días y la tranquilidad al ver pasar el tiempo son recuerdos que forman parte de un periodo al que es imposible volver.
Y ayer me dí cuenta de otra de las ventajas de ser un tierno infante: la inocencia sobre temas tan cotidianos como la política. El escenario era el idóneo, la hoguera de San Juan en el parque de Arriaga, un evento en el que la plana de la Diputación se encontraba con la renovada Alcaldía. Aunque quien se encargó de prender la llama fue Xabier Agirre, para mí el protagonista fue Javier Maroto. O, mejor dicho, el niño que se le acercó.
Maroto estrenaba el cargo de alcalde hace tan sólo unos días, y al principio le pilló de sorpresa que el pequeño, de unos doce años, se acercase a pedirle un autógrafo. No es extraño que a los políticos se les acerquen simpatizantes por la calle, pero este encuentro era especial. El chaval se encontraba frente a frente con el alcalde de su ciudad, tenía la oportunidad de conocer a la máxima autoridad de Vitoria. Y en esa petición no se encontraba la simpatía hacia el partido del alcalde, sino el mero respeto, la confianza en quien durante cuatro años va a encaminar los pasos de los vitorianos.
En ese momento quise ser como ese niño, compartir su inocencia política, y que todo el mundo pudiese hacerlo. Deseé que la gente pudiera ver a los nuevos alcaldes salidos de las urnas del 22-M como personas que van a dar todo lo que esté en su mano para que su ciudad, o pueblo, vaya bien, sin juzgarlos por las siglas que llevan a sus espaldas.
Al fin y al cabo, cuando se llega a este cargo no sólo se representa a quien te ha votado, sino a todos los habitantes de su localidad, y es a ellos a los que se les debe todo el esfuerzo. Yo, como periodista en el ámbito local, he aprendido a no distinguir las siglas en el trabajo, pese a mis simpatías, pero sigo sin poder estar a la altura de ese niño que ayer conoció al señor alcalde de Vitoria.

 

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