El pepino del olvido

Publicado: 27 junio, 2011 en Actualidad, Divagaciones, Periodismo
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Que las noticias tienen fecha de caducidad es algo asumido tanto por los profesionales de la prensa como por los consumidores de la misma. Un suceso, las declaraciones o lamentos de algún político o la última polémica de Mou son flor de un día, actualidad del momento que al día siguiente de salir publicadas ya han muerto. El periódico de hoy mañana yacerá en un cubo de basura o container de reciclaje, y sus noticias serán un vago recuerdo.
Aunque a veces hay acontecimientos que se prolongan a lo largo de los días. Cada dato nuevo sirve para llenar más páginas, y consiguen enganchar al lector, manteniéndolo expectante. El caso más sonado y reciente bien puede ser el de los pepinos españoles y la bacteria E-coli que tantos estragos ha causado en Alemania y aledaños. En su momento de gloria tanto la prensa en papel como la radio y la televisión se pusieron de acuerdo para hacer que nos salieran los pepinos hasta por las orejas. Las críticas de los agricultores acompañaban a las víctimas de la desconocida enfermedad en cada una de las noticias, que se repetían jornada tras jornada.
Pero a día de hoy, pocas voces son las que recuerdan los estragos de esta crisis sanitaria. Parece que, una vez se exculpó al pepino, ya no importaban quienes paseaban por la delgada línea entre la vida y la muerte, y la prueba más evidente de ello es que sólo XL Semanal se ha acordado de ellas con un magnífico reportaje. La tragedia del E-coli ya no es noticia merecedora de aperturas, y los medios tan sólo le dedican un breve, si lo hacen.
No es la primera vez que pasa algo así con un tema que ha conmocionado a la audiencia. Pasó con la tragedia de Japón, y lo mismo sucede con la guerra de Libia, que parece que se ha convertido en algo tan asumido que ya sólo merece un titular cuánto nos cuesta tener a las tropas allí o si la OTAN ha matado a unos cuantos civiles. La actualidad devora constantemente al resto de temas, y siempre surge algo nuevo capaz de desbancar al que ostenta el trono. Ha pasado con los pepinos y pasará con todos los temas que salgan a relucir, porque la rutina periodística es así de compleja.
Todo en esta vida acaba muriendo, y la vida de las noticias es muy corta. Depende de los periodistas evitar que perezcan nada más nacer, cuidarlas en su agonía y acompañarlas en sus últimos momentos. Una dura tarea que, por suerte, todavía se puede llevar a cabo. Al contrario que las noticias, el periodismo sigue vivo.
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