¿Qué puede haber más triste que un MP4 de dieciséis gigas sin que nadie lo use? Quizá, y hablo desde la experiencia de quien tiene el suyo abandonado, la falta de ganas de ponerse los cascos y escoger uno de los discos de su interior, a pesar de que éstos sean tus favoritos. Pero en esta vida llega un momento en que las letras, los acordes y las voces son tan familiares –y tienes tan poco tiempo para disfrutar de todo esto– que da pereza volver a escuchar esas canciones que te han acompañado a lo largo de los años.
Lo mismo pasa con los discos de un mismo grupo. El nuevo destierra al anterior en la jerarquía de las prioridades, y sólo cuando te invade la nostalgia acabas volviendo a los inicios de su trayectoria, para darte cuenta de que, al final, siempre es el mismo esquema y estilo, sólo que con más fuerza, experiencia y madurez.
Pocas veces se rompe con esta dinámica, y si Melendi es el caso más reseñable, siempre desde mi experiencia, ahora parece que La Oreja de Van Gogh ensaya una nueva forma de hacer música con su nuevo single ‘La niña que llora en tus fiestas’. El giro a una melodía completamente diferente, como siempre acompañada de una letra de lujo, engancha desde el primer momento a quienes buscamos en las canciones algo más que un estribillo pegadizo: esta nueva canción no deja indiferente, consigue transmitir, pese a lo distinto respecto a otras canciones, ese espíritu LODVG que resucitó con fuerza con Leire Martínez como nueva vocalista.
El grupo donostiarra consigue superarse, y eso ya es difícil, con un temazo que augura que su nuevo disco va camino de una madurez, de un avance en calidad, estilo y composición. No es a lo que nos tiene acostumbrados, pero es un trabajo magistral, y desde luego es difícil que defraude a los fans.
Cada canción de LODVG tiene vida propia, y ésta no es una excepción. Falta saber si el resto del disco va a tener esta nueva vitalidad fresca y descarnada, o si por el contrario seguirán con la tradición. En cualquiera de los casos, estaremos hablando de otra obra maestra.
Y sí, ahora os dejo la canción. Disfrutadla.

 

Desde hace algún tiempo los editores de periódicos buscan la fórmula milagrosa para conseguir que el número de sus lectores aumente, a ser posible atraídos desde la gran masa que consume su producto de forma gratuita en las ediciones digitales. Un duro reto, sobre todo en tiempo de crisis, para el que ayer se presentó una posible manera de superarlo. Se trata de ‘Kiosko y más’, una gran plataforma de prensa que incluye cabeceras tan importantes como el País y ABC, además de todos los regionales de Vocento y una amplia oferta de revistas, a precios muy inferiores a los que se pueden ver en un kiosko normal.
La iniciativa viene de la mano de varias potentes empresas multimedia y busca convertirse en un referente en el que los lectores puedan optar por leer desde sus tablets o smartphones el periódico del día, o las revistas que hay a disposición del lector. Sus atractivos precios y su comodidad al reagrupar los contenidos en un mismo soporte, en vez de obligar a bucear entre las diferentes secciones de la edición digital para despachar el ejemplar entero, parecen un aliciente para ese público joven que se aleja del papel.
La cosa es ver si estas profecías se cumplen o no, pero lo que está claro es que a las empresas periodísticas este portal apenas les supone un gran desembolso, ya que, al entregar sus contenidos en un soporte similar al PDF, eliminan los costes de impresión y distribución, lo que permite ese precio más acorde con los tiempos que corren y poder acercarse a más lectores, que al final es lo que cuenta a la hora de obtener ingresos con la publicidad.
La experiencia es interesante, y yo ya me he animado a comprar mi primer ejemplar, aunque con alguna que otra pega, porque al final me han vendido la moto y he acabado leyéndome la edición Vizcaya de EL CORREO en vez de la de mi ciudad. Pero de los errores se aprende, y creo que esta plataforma y yo vamos a ser buenos aliados, sobre todo esos domingos de periódico a 2,10 euros en los que pagar sólo ochenta céntimos por leer los titulares y algo de texto se va a agradecer.
Lo que está claro es que hay que dar pasos como éste para que quienes huyen del papel puedan encontrar otras opciones con las que mantenerse informados con todas las facilidades posibles, y aunque la convivencia con la tinta impresa todavía va para largo, es mucho mejor ir preparándose pronto y bien que tarde y mal.
Se dice que en estas rebajas la gente se va a gastar muy poco dinero, que la media rondará por los sesenta euros, al menos en Vitoria. Algunas tiendas parecen haber tomado nota y han tirado los precios por los suelos (las que menos), y otras, en vez de desesperarse, echan ironía a la situación.
Es el caso de Anaiak, en el centro comercial Lakua. Hoy me he pasado por allí en busca de algo decente y no muy caro, y nada más entrar algo me ha llamado la atención. ¿La canción de megafonía dice “no tengo dinero”?, me he preguntado a mí mismo, y escuchando un poco más he confirmado mis sospechas. Era el tema ochentero ‘No tengo dinero’, de Righeira, canción que descubrí hace poco de la forma más tonta.
¿Una forma sutil de reírse de cómo escasean los clientes? ¿Cruel capricho del destino? ¿O quizá el pensamiento de más de uno de los que curiosean entre las prendas para luego salir con las manos vacías? En fin, os dejo el tema.
No tengo dinero oh
No tengo dinero no, no, no, no
No tengo dinero oh
No tengo dinero no, no, no, no

Los modernos lujos viven aquí
En el lugar más alto de mi ciudad
Se nutren de imágenes y de relais
Yo quisiera estar ahí más

No tengo dinero oh

Los nuevos italianos crean aquí
Impávidos y fieros de la velocidad
Neo psichico es el sintético edén
Yo quisiera estar ahí más

No tengo dinero oh

Neo psichico
Besado de una dea tu eres
Patria de estos te crean
Patria de estos te crean

No tengo dinero oh
No tengo dinero oh

Odio repetirme. Me repugna volver siempre a los mismos temas, a rescatar los mismos argumentos de otros posts y dar la impresión de que sólo tengo cuatro temas de los que hablar. Pero lo que más me desagrada es no tener opción, estar obligado a repetirme porque alguien, o alguna empresa o institución/partido político ha vuelto a cagarla. Y por eso otra vez en este blog las puyas van hacia el fortín de Berlusconi en España, la cadena de televisión Telecinco, rebautizada como Telecirco por haber hecho de su programación una versión 2.0. de ‘Los payasos de la tele’.
Pero en esta ocasión, por desgracia, el tema que nos ocupa no es ninguno de sus vomitivos intentos de programa del corazón, sino la teleserie que han hecho sobre el mayor atentado terrorista que sufrió este país el once de marzo de 2004, con 191 muertos a manos de Al-Quaeda. Una falta de respeto sin precedentes hacia las víctimas, una burla a la memoria de todos aquellos que sufrieron los estragos de esta tragedia que desde la cadena intentan camuflar como un intento de que no se olvide el 11-M.
No hace falta una serie de ficción endulzada con las pajas mentales de guionistas sin escrúpulos para olvidar este amargo suceso, sino que la gravedad del hecho ha grabado a fuego en la memoria de los españoles todo lo referente al atentado, y los libros de historia serán los encargados de explicar a las generaciones futuras lo que supuso este baño de sangre. Libros de historia basados en la realidad, no en la actuación sensacionalista de unos cuantos actores especialistas en hacer que salten las lágrimas.
Pero para Telecirco la verdad no importa, ellos adoptan esa máxima periodística tan arraigada en los últimos tiempos de ‘que la verdad no te estropee una buena noticia’ con tal de hacer caja, o en este caso con tal de romper los audímetros, durante dos noches.
Hoy es la primera entrega de este despropósito oportunista que juega con los sentimientos de las personas. Esta traición a quienes sufrieron la tragedia, desde luego, parece que va a atraer al televisor a los millones de borregos que acostumbran a seguir las desventuras de gentuza como Belén Esteban y demás compinches. Dos semanas durará la euforia, para luego acabar en el olvido. Pero, señores, el daño ya estará hecho.
Sara sabía que de los encuentros cara a cara en la barra de un bar no podía salir nada bueno, pero no pudo evitar que sus ojos devorasen cada centímetro del cuerpo del pecado que tenía frente a sí. Intentó apartar la mirada y evitar la llama del deseo que había prendido en su interior, buscando en vano refugio en la compañía de la camarera.
– Un café. – Suplicó, sin saber que la chica era cómplice en aquel complot destinado a juntarles, y estaba dispuesta a demorar el pedido el tiempo que fuera necesario. Mientras la taza se iba llenando en la cafetera, la empleada se sumergió en las profundidades de la trastienda, dejando solos a Sara y su perdición.
Desesperada, la joven intentaba no mirar en la dirección de la visión prohibida, pero su nula fuerza de voluntad  le hizo acercarse poco a poco hasta su altura, con disimulo, mientras se maldecía a sí misma por ser tan lanzada. No quería romper el juramento que hizo tiempo atrás, se negaba a volver a sucumbir a sus vicios y acabar llorando por culpa de sus impulsos, pero la necesidad de posar sus labios en la inevitable tentación era más fuerte que cualquier principio.
Temblaba, invadida por el miedo a que venciese el instinto, pensando en salir corriendo. Sabía que él no iría tras ella, que no le agarraría el brazo reclamando su atención, pero aun así no podía dejar de desearlo. Avergonzada, no podía evitar preguntarse por qué era tan débil, por qué siempre caía…
Sumida en sus lamentos, no vio cómo se acercaba la camarera con la taza humeante. Fue incapaz de reaccionar con calma, y casi con rabia, se encaró con ella.
– Y ese pincho de jamón y queso, también.
Ya estaba perdida. Otra vez. Adiós dieta, pensó tras el primer bocado.
Vitoria, 2 de julio de 2011
Se les ha llamado de todo. Ladrones, estafadores, chupasangres… Y ellos lanzaban sobre sus críticos una jauría de abogados carroñeros dispuestos a comerse las entrañas de sus víctimas….
Pero ahora soplan aires de cambio. La cúpula de la SGAE ya conoce las bondades de una noche en el calabozo. Ya no puede evitar que se le trate como a unos delincuentes. Al final, todo sale a relucir, y lo que antes era una crítica a su impuesto revolucionario se ha convertido en una evidencia…
Se dice que una imagen vale más que mil palabras. En este caso, la portada de Público también lo hace.

PD: ¿Público a 2,50 euros un sábado? Luego se quejarán de que no venden…
Quienes queremos vivir de la ficción intentamos huir siempre de ciertos tópicos, de esos recursos copiados hasta la saciedad en mil y un productos creativos, porque si nuestro deseo es destacar frente a los demás debemos hacerlo a través de la originalidad. Pero hoy, sin embargo, tengo que recurrir a uno de estos tópicos para introducir el post diario. ¿Cuántas veces no habéis visto en alguna serie o película la típica escena del marido/novio que se olvida del aniversario de su pareja y, con esa excusa, se inicia una santa discusión que alimenta la sobreactuada trama? Pues eso mismo es lo que me ha pasado a mí: me he olvidado del primer aniversario de este blog.
Quinceminutosymedio lanzó su primer aliento hace exactamente un año y un mes, el uno de junio de 2010. Por aquel entonces estaba a punto de dar un paso muy importante, puesto que me faltaban sólo cinco exámenes para acceder al mundo real de las libretas emborronadas de garabatos, el REC de la grabadora y la inventiva para los titulares –la experiencia me demostró que el trabajo de periodista te puede dar las mayores alegrías y los peores disgustos–, y yo sentía que debía seguir el consejo de una profesora de crear una ventana abierta al público en internet en la que dar a conocer mi trabajo, mis experiencias y mis reflexiones. Maduré la idea durante un tiempo y, por fin, ese día publiqué mi mensaje de bienvenida.
Desde entonces ha pasado mucho tiempo, y mis dedos han aporreado doscientos tres posts propios. Un importante esfuerzo que, sin embargo, desentona con la imagen de quien se olvida de la fecha en la que comenzó esta experiencia. Pero en mi defensa he de decir que no es algo nuevo, porque en el otro blog que tuve hace ya tiempo me pasaba lo mismo. En esta ocasión el despiste ha sido por mi falta de tiempo/ganas, que me impedía ponerme a escribir, pero desde mediados de junio me he vuelto a contagiar con el espíritu que dio el empujón a Quinceminutosymedio.
Aunque quizá este olvido no haya sido del todo malo, porque hoy tengo que celebrar algo mucho más importante que el cumpleaños de mi blog. Hace un año que estoy trabajando –primero como becario y luego como colaborador– para un gran periódico que me ha enseñado mucho y al que espero haber aportado mis mejores trabajos. Un año de sacrificios, de grandes cambios y de buenas satisfacciones en el que mi nombre ha ido acumulando tinta y experiencia, en el que he aprendido a desenvolverme en todo tipo de situaciones, como ayer mismo sucedió en el último accidente del tranvía en Vitoria, y en el que he confirmado mi verdadera vocación.
Así que hoy es un día de doble aniversario, de celebraciones paralelas y, afortunadamente, sin que falte el trabajo. ¿Qué mejor manera para festejarlo que volver a hacer magia escribiendo un magnífico reportaje?